TERMORREGULACIÓN E HIDRATACIÓN, CLAVES PARA EL EJERCICIO CON CALOR
La actividad física, sea o no estructurada, se ha convertido en un aspecto muy importante de la vida. Hoy día se reconoce ampliamente que la inactividad física (sedentarismo) es un factor de riesgo para las enfermedades crónicas y una amenaza a la calidad de vida. Millones de personas alrededor del mundo se ejercitan con regularidad para mejorar su salud, y millones más participan en deportes organizados.
La gente que se ejercita en el calor enfrenta problemas potenciales como los males por calor y disminución del rendimiento. Durante la actividad física, los músculos generan gran cantidad de calor que debe disiparse hacia el ambiente o, de lo contrario, ocurrirá un aumento en la temperatura central del cuerpo. Esta producción de calor por los músculos es proporcional a la intensidad del trabajo, por lo cual tanto las actividades de corta duración y alta intensidad (como las carreras recreativas de 5 ó 10 km), como las de mayor duración y menor intensidad (p.ej. carreras de maratón) representan un riesgo. Los practicantes de deportes como el fútbol, con muchas carreras cortas repetidas por un rato prolongado, podrían estar especialmente en riesgo.
La sudoración es una respuesta fisiológica que intenta limitar el aumento en la temperatura central, colocando agua en la piel para su evaporación. Sin embargo, si esta pérdida de líquido no se compensa con ingesta de fluidos, habrá un deterioro en la regulación de la temperatura, el rendimiento, y posiblemente la salud. El reto, por lo tanto, es doble: disipar el exceso de calor hacia el ambiente de manera efectiva, y evitar llegar a un estado de hipohidratación.
CONSECUENCIAS DEL ESTRÉS POR CALOR Y LA DESHIDRATACIÓN
La combinación de la actividad física con el estrés por calor representa un reto considerable para el sistema cardiovascular humano. Además, siempre que la pérdida de líquido por sudoración es más rápida que la reposición de fluido, el individuo está en un proceso de deshidratación. La hipohidratación perjudica muchas variables fisiológicas durante el ejercicio. La consecuencia directa de la hipohidratación combinada con el estrés por calor es un rendimiento físico disminuido, como resultado de la incapacidad del sistema cardiovascular de mantener el mismo gasto cardíaco. Esta caída es consecuencia de la disminución en el volumen latido, debido a un menor volumen sanguíneo y un menor llenado ventricular de tal magnitud que no pueden compensarse por el aumento en la frecuencia cardíaca. También existe una relación lineal directa entre el nivel de hipohidratación y la temperatura corporal central, ya que la hipohidratación perjudica la función termorreguladora, lo cual hace que el ejercicio en el calor sea aún más difícil.
La hipohidratación tiene un impacto progresivamente negativo sobre el rendimiento en ejercicio, aún a niveles tan bajos como 1% 2% ó 3% del peso corporal. Pareciera que el estrés por calor ambiental no solo juega un papel importante per se, sino que además acentúa la reducción en la potencia aeróbica máxima que ocurre por la hipohidratación. Además, el tiempo del ejercicio hasta la fatiga a intensidades submáximas es más corto al ejercitarse en el calor. Es más frecuente que haya una influencia negativa de la hipohidratación sobre los esfuerzos aeróbicos prolongados que sobre las tareas anaeróbicas de corto plazo. Existen pocos estudios acerca de los efectos de la hipohidratación sobre la potencia anaeróbica, fuerza muscular, velocidad, coordinación y agilidad, y sus resultados son ambiguos.
El efecto negativo de la hipohidratación sobre la función termorreguladora aumenta el riesgo de agotamiento por calor y golpe de calor, dos problemas relacionados con el calor. El golpe de calor es una condición muy seria que podría ser fatal, por lo tanto, debe ser atendida inmediatamente por personal médico, cuya meta primordial será bajar la temperatura central del sujeto. También se han relacionado algunas complicaciones en la función renal con la hipohidratación y las altas temperaturas del núcleo corporal durante el ejercicio en el calor. Finalmente, un problema bastante común son los llamados calambres por calor o "calambres musculares ligados al ejercicio" (CMLE). Estas "contracciones involuntarias, dolorosas y espasmódicas del músculo esquelético, que ocurren durante o inmediatamente después del ejercicio muscular", están frecuentemente asociadas con la sudoración profusa durante el ejercicio en el calor, pero la evidencia científica que respalda la hipótesis de una relación directa entre hipohidratación y CMLE es muy limitada. Este tema amerita más investigación.
EFECTOS DEL AMBIENTE SOBRE LA TERMORREGULACIÓN
Ya se mencionó antes que la producción corporal de calor durante la actividad física está directamente relacionada con la intensidad del ejercicio. La capacidad de disipar este calor depende de la transferencia de calor del núcleo del cuerpo a la piel, de la vestimenta, y del estrés por calor ambiental. El estrés por calor ambiental a que se somete un individuo es una función de la temperatura del aire, la velocidad del viento, la humedad relativa, y la radiación solar. Existe una medida práctica combinada del estrés por calor ambiental, el índice de Temperatura de Globo y Bulbo Húmedo (WBGT por sus siglas en inglés). El Colegio Americano de Medicina Deportiva (American College of Sports Medicine, ACSM) ha establecido pautas para corredores de larga distancia vistiendo pantaloneta, camiseta y zapatos de carrera, en términos del riesgo de problemas por calor: si el WBGT es mayor a 28º C existe un riesgo muy alto; cuando el WBGT está entre 23° y 28º C el riesgo es alto. Un índice WBGT de 18-23ºC indica un riesgo moderado, y si WBGT < 18º C, el riesgo es bajo 4. El riesgo de problemas por calor también se ve aumentado cuando el WBGT alcanza valores extraordinariamente altos, comparados con el clima normal donde la gente se ha estado ejercitando.
Hay un número considerable de países latinoamericanos ubicados en la región tropical. Aunque la altitud puede marcar grandes diferencias (p.ej. las ciudades de México y Bogotá son más frescas), el trópico se caracteriza por mantener niveles de humedad y temperatura relativamente altos y constantes la mayor parte del año. No es extraño encontrar valores WBGT mayores a 28°C, especialmente al nivel del mar.
Existe evidencia preliminar que indica que los habitantes de las regiones tropicales tienen una mayor tolerancia al estrés por calor ambiental, posiblemente por su nivel de aclimatización crónica al calor. Sin embargo, mientras no se publique información más completa acerca de la tolerancia al estrés por calor ambiental en personas aclimatizadas al calor en forma crónica, se deben seguir las pautas del ACSM.
La aclimatización al calor es el conjunto de adaptaciones que le permiten a una persona tolerar mayor estrés por calor ambiental. Éstas incluyen un aumento en la capacidad de sudoración, un sudor más diluido, y una capacidad aumentada de mantener altas tasas de sudoración durante el ejercicio prolongado. Todas estas adaptaciones ayudan a reducir la acumulación de calor, permitiendo un tiempo más prolongado de ejercicio y un menor riesgo de problemas por calor. Los individuos aclimatizados deben prestarle más atención a la hidratación, debido a su mayor tasa de sudoración.
La aclimatización al calor ocurre como resultado normal de la exposición a la actividad física en el calor. Cuando los atletas o la gente físicamente activa se trasladan a regiones más calientes, se puede inducir la aclimatización mediante la exposición progresiva al calor. Al inicio del proceso de aclimatización, la duración e intensidad de las sesiones de ejercicio deben ser más bajas de lo acostumbrado. Luego se pueden aumentar en forma gradual día a día conforme mejora la tolerancia al calor. Se pueden observar adaptaciones significativas en el término de 7-14 días de exposición al calor.
Si bien es cierto que la exposición al calor durante el ejercicio es muy importante para la aclimatización, también es cierto que una mejor aptitud física aeróbica, per se, le permite a las personas disipar mejor la carga térmica del ejercicio. Esto se debe primordialmente a una expansión del volumen sanguíneo y una mejoría en la capacidad de sudoración. La cantidad y calidad de ejercicio necesario para mejorar la aptitud aeróbica es mayor que lo recomendado para obtener beneficios relacionados con la salud. La frecuencia debe ser de 3 a 5 días por semana, con una duración de cada sesión entre 20 y 60 minutos, a una intensidad de ejercicio de 55/65% hasta 90% de la frecuencia cardíaca máxima.
Todas las personas, aclimatadas o no, deben prestarle atención a las condiciones climáticas y realizar los ajustes apropiados siempre que el estrés por calor ambiental esté por encima de lo normal. Las sesiones de calentamiento antes del entrenamiento o la competición deben ser más cortas y menos intensas, para evitar que la temperatura central suba innecesariamente. La estrategia de competición o entrenamiento debe ser de menor intensidad y duración, además de incluir descansos más largos y frecuentes, para disminuir la producción de calor. A menudo es posible encontrar áreas más frescas, a la sombra o con viento, para las sesiones de calentamiento, los recesos, los períodos de recuperación y las siestas, lo cual ayuda a mantener la temperatura corporal más baja y a prevenir la deshidratación.
En oposición a las recomendaciones anteriores, es común en América Latina el observar individuos que se ejercitan utilizando trajes o accesorios plásticos para promover la sudoración, con la creencia de que ello producirá una pérdida de grasa. Los plásticos crean un microclima alrededor del individuo donde la humedad es muy alta y la evaporación del sudor es prácticamente imposible, limitando seriamente la disipación del calor. La temperatura central del cuerpo aumenta rápidamente, la sudoración profusa produce una deshidratación rápida, y sobreviene la fatiga. Este procedimiento no sólo es inútil para facilitar la pérdida de grasa, sino que además atenta contra la termorregulación y promueve los problemas por calor.
Si bien es cierto que las personas se pueden adaptar a los retos fisiológicos de la actividad física y el estrés por calor mediante el aumento progresivo de su nivel de actividad y exposición al calor, no existe evidencia que muestre que es posible adaptarse a la hipohidratación. De hecho, la hipohidratación limita las ventajas de la aclimatización. El ejercitarse sin beber líquido podrá ser muy macho y fortalecer la voluntad, pero le hace un daño serio al cuerpo.
EL PROCESO DE HIDRATACIÓN
La gente físicamente activa logra mantener la euhidratación, esto es, un nivel de hidratación normal y equilibrado, sólo si ingiere suficiente fluido antes, durante, y después de la actividad física. La capacidad de compensar la pérdida de fluido con la reposición está limitada por las tasas máximas de ingesta, vaciamiento gástrico, y absorción intestinal. Bajo condiciones de calor y humedad, la tasa de sudoración puede rebasar estos límites fácilmente.
Desde hace varias décadas se sabe que cuando la gente se ejercita y suda, no reemplaza todo el líquido perdido por sudoración, aún teniendo acceso ilimitado al líquido. Esto se llama deshidratación voluntaria y ocurre en los niños no aclimatizados, en los niños aclimatizados, y en los adultos.
La ingesta espontánea de líquido está influenciada por información sensorial variada, tal como el olor, sabor, temperatura, color, y calidad subjetiva de la bebida. Sólo algunos de estos factores han sido estudiados sistemáticamente, principalmente la temperatura y el sabor del líquido. Se han hecho estudios con distintos fluidos que demuestran que la ingesta voluntaria es máxima cuando los líquidos están frescos, a saber, a una temperatura entre 15 y 20°C. La gente prefiere las bebidas levemente saborizadas al agua simple, pero los sabores naturales fuertes como la cerveza, la leche y las bebidas gaseosas no son muy aceptables durante el ejercicio.
El consumo voluntario de una bebida deportiva bien formulada es mayor que el del agua simple, en parte debido a la palatabilidad de las bebidas deportivas. La temperatura, dulzura, intensidad de sabor, sensación bucal, acidez y sabor residual de la bebida son características que influyen la palatabilidad y por lo tanto promueven o frenan el consumo de líquido durante la actividad física. Una serie de estudios con muchachos ejercitándose en el calor demuestra que la ingesta voluntaria de una bebida con sabor fue lo suficientemente alta para mantener la euhidratación, aún cuando las tasas de sudoración fueron altas.
Una vez que se ha ingerido el líquido, primero tiene que vaciarse del estómago. El vaciamiento gástrico depende de varios factores. La naturaleza exponencial de la curva de vaciamiento indica que el volumen del contenido estomacal tiene una importancia crucial en el control de la tasa de vaciado: conforme el líquido va saliendo y el volumen estomacal cae, va disminuyendo la tasa de vaciamiento. Entonces, el vaciado se puede promover manteniendo un volumen grande de líquido en el estómago, aunque no todos los individuos toleran bien la presencia de grandes volúmenes en el estómago y se sabe que muchos jugadores de fútbol prefieren evitarla. Esta tolerancia es entrenable, permitiéndole al individuo manejar volúmenes mayores gracias a la práctica.
Los líquidos con mayor contenido energético tienen tasas más lentas de vaciamiento gástrico. Este patrón es el mismo durante el ejercicio que el que se observa en reposo. El efecto negativo de un alto contenido energético sobre la tasa de vaciamiento gástrico es mucho mayor que el efecto de una alta osmolaridad. El ejercicio de alta intensidad puede retardar o aún detener el vaciado gástrico, pero el ejercicio a intensidades alrededor de 70 a 75% O2max tiene poco o ningún efecto sobre la tasa de vaciamiento gástrico. La hipohidratación severa combinada con la hipertermia y el ejercicio intenso retarda el vaciado gástrico y aumenta el riesgo de malestar gastrointestinal.
El tercer proceso limitante de la tasa de hidratación es la absorción intestinal de fluidos. La osmolaridad y el flujo de solutos son los dos factores principales que gobiernan el transporte neto de agua en el intestino delgado. Aquellas soluciones claramente hipertónicas con respecto al plasma humano producen menor absorción y mayor secreción de agua, mientras que las soluciones hipotónicas promueven la absorción neta de agua. La absorción intestinal de agua puede mejorarse añadiendo carbohidratos a una solución de reposición de fluidos. El uso de sustratos múltiples (carbohidratos) estimula varios mecanismos distintos de absorción de solutos, produciendo una mayor absorción de agua que las soluciones que contienen solamente un sustrato. La cantidad y el tipo adecuados de carbohidratos estimulan dramáticamente la absorción de líquido y electrolitos en el intestino delgado, aún en bebidas ligeramente hipertónicas.
La hidratación adecuada antes de la actividad física es esencial para proteger todas las funciones fisiológicas. Un déficit de líquido antes del ejercicio es potencialmente perjudicial para la termorregulación, y produce un mayor estrés cardiovascular durante la sesión de ejercicio. La ingesta de 250 a 600 ml de fluidos al menos dos horas antes del ejercicio ayuda a garantizarse que se inicia con un nivel adecuado de hidratación, y además da tiempo suficiente para eliminar cualquier exceso de líquido por medio de la orina.
No existe suficiente evidencia que apoye la hiperhidratación antes del ejercicio como medio para mejorar el rendimiento deportivo. La hiperhidratación es muy difícil de lograr debido a que la expansión del volumen plasmático produce hipotonicidad y aumenta la diuresis. Hay una buena posibilidad de que los protocolos de hiperhidratación estén simplemente permitiendo que los sujetos con hipohidratación crónica alcancen un nivel normal de hidratación. Aún esto sería un logro fisiológico claramente positivo que, si bien es cierto sería irrelevante para sujetos euhidratados, sí sería muy importante en América Latina donde las influencias culturales podrían promover la hipohidratación crónica.
Durante la actividad física, la meta de la ingesta de fluidos debería ser compensar la pérdida de líquido por sudoración o, cuando las tasas de sudoración son demasiado altas, el reponer tanto fluido como sea posible. Esto se logra tomando pequeñas cantidades (125 a 500 mL de fluido) con regularidad, más o menos cada 15 minutos. La cantidad y la frecuencia deben ajustarse conforme a la tasa de sudoración y a la tolerancia a la ingesta de fluido de cada persona. La pérdida de líquido durante una sesión de ejercicio se puede calcular pesando a la persona desnuda y seca antes y después del ejercicio: cada 100 g de peso perdido representan aproximadamente 100 mL de sudor.
El restablecimiento del equilibrio de agua y electrolitos es una parte esencial del proceso de recuperación después de un ejercicio que produce pérdida de fluidos por sudor. La rehidratación adecuada después de una sesión de ejercicio se convierte en euhidratación antes de la próxima sesión. Debido a la producción constante de orina, las personas estarán en equilibrio neto de fluidos negativo durante todo el período de recuperación, a menos que el volumen ingerido sea mayor que la pérdida. Cuando se manipula la concentración de sodio del líquido ingerido (0, 25, 50 ó 100 mmol/l) y se ingieren volúmenes de fluido equivalentes a 1.5 veces la pérdida por sudoración, la producción de orina es inversamente proporcional a la concentración de sodio del fluido ingerido. Para una rehidratación efectiva, las bebidas y los alimentos deberían reponer no sólo el volumen de líquido perdido sino los electrolitos perdidos por sudoración: esto significa que la ingesta de sodio debería ser moderadamente alta (quizás 50-60 mmol Na+/L fluido), y también debería haber algo de potasio. Para equilibrar este requisito con la palatabilidad de la bebida, parte del sodio puede ingerirse en los alimentos. Para contrarrestar la pérdida obligatoria continua de orina, el volumen consumido deberá ser mayor (al menos un 50% más) que el volumen de sudor perdido.
UTILIZACIÓN DE BEBIDAS DEPORTIVAS
El agua es un fluido ampliamente disponible para la hidratación. Si bien es cierto que la ingesta de agua puede ayudar a contrarrestar muchos problemas de la deshidratación, las investigaciones realizadas en las últimas cinco décadas han confirmado, una y otra vez, que la gente físicamente activa puede beneficiarse de la ingesta de una mezcla adecuada de líquido, carbohidratos, y electrolitos. Los beneficios son proporcionales a la necesidad de fluido, energía y minerales de cada individuo. Para ser fisiológicamente eficaz, la fórmula de la bebida debe evitar (o al menos reducir al mínimo) las limitaciones impuestas por la ingesta voluntaria, el vaciamiento gástrico, y la absorción intestinal, al mismo tiempo que suministre fluido, carbohidratos y electrolitos en suficiente cantidad y con la suficiente rapidez como para provocar respuestas fisiológicas positivas que además beneficien el rendimiento.
La eficacia de una bebida deportiva está determinada en gran medida por la cantidad y el tipo de carbohidratos correctos. Además de conferirle el nivel de dulzura que mejora la palatabilidad, los carbohidratos juegan otros papeles importantes. Si se usan los carbohidratos apropiados en la cantidad correcta, el efecto sobre el vaciamiento gástrico es mínimo pero se estimula dramáticamente la absorción de agua y electrolitos en el intestino delgado, como se mencionó anteriormente. La glucosa que proveen las bebidas deportivas ingresa a las células musculares activas, ayudando a mantener una tasa alta de oxidación de carbohidratos, lo cual puede mejorar el rendimiento deportivo. Las bebidas deportivas deben tener una mezcla de carbohidratos (p.ej., una combinación de sacarosa, glucosa y fructosa) con una concentración de alrededor de 60-70 g/l.
Los electrolitos juegan un papel clave al mantener la ingesta de fluidos y promover la hidratación. La ingesta de fluidos durante la actividad física se puede promover ingiriendo una pequeña cantidad de cloruro de sodio. La absorción de sal hacia el flujo sanguíneo previene la caída temprana de la osmolaridad del plasma por debajo del umbral de la sed, de manera que ayuda a mantener el deseo de beber. Después de la actividad física, es indispensable la reposición del sodio y el cloruro que se perdieron en el sudor para una rehidratación rápida y completa. Por estas razones, las bebidas deportivas deben tener por lo menos 100 mg de sodio por cada porción de 250 ml.
Al presente, no existe evidencia científica convincente que justifique la inclusión de otros ingredientes en las bebidas deportivas. Se ha propuesto al glicerol, la cafeína, algunos aminoácidos, muchos metabolitos (p.ej. piruvato y lactato), y varias vitaminas y minerales como candidatos. A pesar de que se han publicado reportes de supuestos beneficios, no existe consenso científico de que la eficacia de las bebidas deportivas mejoraría con su incorporación.
GRUPOS DE POBLACIONES ESPECIALES
Las pautas de ejercicio e hidratación para la actividad física en el calor están dirigidas, por lo general, a adultos activos. La pregunta de si son aplicables a niños, adultos mayores, y mujeres embarazadas sanos es importante, ya que estos grupos pueden ejercitarse tanto como los adultos, y representan un gran segmento de la población de América Latina. La gente con enfermedades crónicas comunes como hipertensión, diabetes mellitus y enfermedades coronarias se puede beneficiar de la actividad física regular, pero debido a la naturaleza de estas enfermedades, también requiere de consideración especial. Se exhorta a los profesionales de la salud a estudiar las publicaciones científicas sobre ejercicio en poblaciones específicas, citadas más adelante.
Los niños están potencialmente en desventaja termorregulatoria porque tienen una menor tasa de sudoración por unidad de superficie corporal y por glándula sudorípara, y un mayor aumento en la temperatura central conforme se deshidratan. A pesar de su menor tasa de sudoración, los niños se pueden deshidratar tanto como los adultos. Cuando hay bebidas deportivas isotónicas y con sabor disponibles durante el ejercicio prolongado o después de éste, la ingesta voluntaria de los niños es más alta, aunque existe evidencia preliminar que sugiere que esto podría no ser cierto en niñas aclimatadas al calor. Los entrenadores y los padres tienen la responsabilidad de asegurar que haya oportunidades adecuadas para la ingesta de fluido, así como de ofrecer bebidas con buena palatabilidad y animar a la ingesta de líquido antes, durante, y después del ejercicio. Aproximadamente 1.8 ml·kg-1 cada 15 minutos es suficiente para mantener la euhidratación en un niño sano que se ejercita a intensidad moderada en el calor. Debe considerarse una mayor ingesta para niños aclimatados, y para aquéllos que viven en el trópico que podrían sufrir de hipohidratación crónica.
En gran medida, la intolerancia al calor de los adultos mayores se debe a su vida sedentaria, la cual perjudica su aptitud física aeróbica y su aclimatización 42. Independientemente del estilo de vida, se ha demostrado que ocurren algunos cambios inevitables con el envejecimiento, como la reducción del flujo sanguíneo a la piel y de la producción de sudor. Al guiarlos acerca del ejercicio en el calor, deben tomarse en cuenta su salud general (incluyendo el uso de medicamentos), su aptitud física, y su nivel de aclimatización. Debido a su menor percepción de la sed para un grado determinado de hipohidratación, se les debe animar a beber aún si no se sienten sedientos.
Las preocupaciones sobre la termorregulación al ejercitarse durante el embarazo se relacionan con las respuestas tanto de la madre como del feto. La temperatura del feto es aproximadamente 0,5°C más alta que la de la madre en reposo, de manera que existe un mayor riesgo de hipertermia del bebé durante el ejercicio. La hipertermia puede dañar el crecimiento y la formación del feto. Después de obtener la aprobación del médico y recibir consejos específicos como ejercicios acuáticos, la mujer embarazada debe evitar la hipohidratación y el ejercitarse en condiciones calientes, para mantener su temperatura corporal central por debajo de 38,5°C. La reposición de fluidos puede incluir carbohidratos ya que la hipoglicemia es otra preocupación porque podría afectar el crecimiento del bebé y la comodidad de la madre.
Por lo tanto los niños, los adultos mayores, y las mujeres embarazadas deben tener cuidado especial para prevenir la hipertermia y la deshidratación. Los procedimientos de hidratación se basan en los mismos principios básicos que los del adulto promedio. No existen razones fisiológicas ni clínicas para contraindicar la utilización de una bebida deportiva normal en estos grupos, ya que su composición no representa sobrecarga alguna para el cuerpo (100 mL de una bebida deportiva típica tienen alrededor de 6 g de carbohidratos, 46 mg Na+, y 13 mg K+. Esto es alrededor de la mitad de la concentración de carbohidratos en muchas bebidas gaseosas y jugos de frutas, y más o menos la misma cantidad de Na+ en 100 mL de leche). Como las bebidas deportivas están claramente rotuladas con su composición, las cantidades se pueden incluir fácilmente en la evaluación nutricional de cada persona. Los estudios futuros podrían indicar si existe una fórmula óptima de bebidas para cada grupo particular.
La hipertensión y la diabetes son dos enfermedades crónicas comunes que producen mucha morbilidad y mortalidad en el mundo. Luego de obtener consejo médico, el tratamiento inicial de estas enfermedades normalmente incluye consejería nutricional y varias modificaciones en el estilo de vida, tales como un aumento en la actividad física regular. Básicamente, las mismas recomendaciones para adultos promedio se aplican a los pacientes hipertensos y diabéticos que no presentan complicaciones, existiendo solamente unas pocas precauciones específicas.
La práctica comúnmente aceptada establece que los pacientes hipertensos y diabéticos deben recibir el visto bueno de un médico para realizar ejercicio. Los médicos y nutricionistas deben familiarizarse con el presente documento y otras publicaciones relevantes, y deben tomar en cuenta el suministro de carbohidratos y sodio en las bebidas deportivas cuando evalúan la dieta de sus pacientes.
Los pacientes diabéticos no deben ejercitarse en temperaturas extremas debido al potencial de problemas termorregulatorios relacionados con neuropatías autónomas. Las respuestas termorreguladoras, incluyendo la sudoración, son a menudo anormales, presentando distintas zonas anhidróticas en el cuerpo, y la tolerancia al ejercicio está disminuida. Si el contenido de carbohidratos se balancea cuidadosamente con la dieta normal, los pacientes con diabetes pueden consumir bebidas deportivas para ayudar a mantener los niveles de azúcar en sangre durante el ejercicio -previniendo así la hipoglicemia del ejercicio- y para mantenerse bien hidratados. Las bebidas deportivas tienen un alto índice glicémico, pero normalmente no causan hiperglicemia durante el ejercicio ni contribuyen a ella. Es necesario determinar las necesidades de cada individuo con la ayuda de un nutricionista o médico.
Los pacientes hipertensos que utilizan b -bloqueadores podrían experimentar una reducción en la disipación de calor debido a la disminución del flujo sanguíneo a la piel, así como una respuesta acelerada de la tasa de sudoración que podría empeorar la deshidratación. En estas circunstancias, la reposición de fluidos es especialmente importante. Más aún, la terapia diurética puede producir hipokalemia e hipohidratación, pero con una ingesta adecuada de líquidos y suplementación de potasio, el efecto negativo sobre el ejercicio se puede evitar. Los pacientes hipertensos que se encuentran bajo dietas de restricción de sodio deben incluir el sodio que suministran las bebidas deportivas en sus cálculos de ingesta total.
CONCLUSIONES
La evidencia científica ha demostrado que el ejercicio regular conlleva muchos beneficios para la salud, pero el clima caluroso y húmedo representa un reto para la capacidad del cuerpo de realizar actividad física. El rendimiento físico se ve disminuido significativamente, y el riesgo de deshidratación y problemas por calor aumenta. Las condiciones de alto estrés por calor imperan en gran parte de América Latina; por lo tanto, se necesitan estrategias que disminuyan el impacto de estas condiciones sobre las personas físicamente activas y los atletas.




